More servicesWindows Live
HomeHotmailSpacesOneCare
 
MSN
Sign in
 
 
Spaces home  El Mentidero de las Musa...PhotosProfileFriendsBlog Tools Explore the Spaces community

Blog

    October 28

    Cafelete por Elvira Lindo

     
    " En esa esquina ardiente de mi barrio donde se encuentra la mítica cafetería Alto Copete tiene lugar cada mañana una zarzuela gratuita. Si dicha zarzuela saltara a los teatros podría llamarse así, Alto Copete; en ella intervendrían los taxistas que allí recalan, los jubilados y ese tipo de señoras prodigiosas que de una sola calada se consumen un fortuna y lo expulsan de a pocos mientras consumen lo menos cinco cafés. Personalmente, encuentro esta habilidad más difícil que la ventriloquia.
    A esta zarzuela no le falta ni le sobra. Hay tontos y listillos, pura comedia humana: los listillos despuntan sus teorías con seguridad machacante, y los tontos dicen "ya te vale", expresión polisemántica, ideal para espíritus mansos porque no compromete a nada. Estos bares mañaneros debieran estar subvencionados por Sanidad, porque en ellos la clientela expulsa obsesiones y regresa a casa liviana y soportable después de soltarle el rollo a un pobre inocente. Entre los rollos que se sueltan priman, cómo no, las teorías conspirativas y las grandes revelaciones. El listillo tuerce el gesto, masca el palillo y dice que lo del 11-M, por mucho que digan, lo montó quien lo montó. Del 11-M pasa a Marilyn Monroe, que está viva; a Walt Disney, al que acaban de descongelar, o a la CIA, que como todo el mundo sabe, fue quien introdujo la droga en los sesenta a fin de apartar a la juventud del comunismo.
    Y más: Madeleine está en Marruecos; los judíos no fueron a trabajar el 11-S a las Torres Gemelas; a la Obregón le explotaron las tetas en un viaje transoceánico; lo del calentamiento del planeta es un montaje descarao. Al salir del bar me digo, caramba, si tuviera arranque invitaría un día de estos al señor Rajoy a tomarse un cafelete. Y al primo."
     
     
    Fuente: El País
    October 22

    Secuestro Kafkiano

     

    Cuando desperté, me encontré en una habitación cálida de algo que parecía ser un almacén. Aún un poco aturdida y con la boca seca miré a mi alrededor. Las paredes estaban pintadas en un estuco naranja, no muy chillón pero sí lo suficiente como para dar algo de calidez a mi ánimo. En el centro de la sala, una mesa de madera y una silla. Encima de ésta, tan sólo había un pequeño taco de folios y un pilot negro. La iluminación era muy tenue aunque la suficiente para distinguir que estaba completamente sola en aquel habitáculo.

     

    Intenté recordar cómo había llegado hasta allí, en que momento perdí la consciencia y quién sería el responsable de aquel encierro, pero el éxito de mi memoria fue nulo. Intentando recobrar el sentido al cien por cien me incorporé hacia la única ventana de la sala. Era un ventanal enorme de cristal, enmarcado por una madera antigua en color caoba. Era de dos puertas, aunque rápidamente me percaté de que en el centro del mismo se encontraba una cerradura. Absurdo sería si se me ocurriese saltar por aquel lado, así que al menos, quien fuese el que me hubiese llevado hasta allí, podría haber tenido el detalle de dejar que el viento corriese un poco para salir de mi estado. La ventana indicaba que estaba en el último piso, quizás una cuarta planta. La misma daba a un patio interior en el que había varias plantas altas en grandes maceteros de barro, distribuidas eficazmente para crear un entorno agradable.

    Al girarme pude ver como en el otro lado de la estancia había un teléfono colgado en la pared. En ese mismo momento comenzó a sonar, sacándome del ensimismamiento en el que me había cobijado para darle paz a mi estómago, el cual no había parado de hacerse presente desde que desperté. A pequeños pasos, temblorosa, me dirigí hacia el mismo. Ya casi cuando había llegado a él, este dejó de sonar. Justo al lado del elemento en discordia se encontraba la puerta. Aunque me parecía absurdo, intenté girar la manivela, evidentemente sin ningún éxito.

     

    Caminé hacia la mesa, al llegar allí me senté. Ví como los folios no estaban completamente en blanco, sino que tenían algo escrito en cada uno de ellos. En el primero podía leer claramente una pregunta: “¿Qué buscas?”.¡Vaya!, aquello empezaba a sonarme a un relato de Kafka. Medité sobre ello. ¿Era una salida lo que buscaba? ¿O quizás era la libertad?, eran dos términos parecidos en el momento en el que me encontraba, pero ni mucho menos eran iguales o sinónimos. Con el folio en la mano me dirigí nuevamente a la ventana. La gradación de los colores ocres y rojizos indicaban la hora del atardecer y a la vez, me procuraban el suficiente estado místico como para envolverme en la peculiar pregunta filosófica.

    Pensé sobre las múltiples salidas que hasta entonces la vida me había ofrecido y me di cuenta de la parábola. En aquellos momentos estaba afanada por encontrar alguna, en el techo, en la pared, en la misma ventana… pero no, no había ninguna, me encontraba atrapada en aquellas paredes color naranja. Aunque el sentimiento no era de estar presa ni mucho menos, una paz interior era lo que mis sentidos proclamaban en aquellos momentos. Entonces me di cuenta, metafóricamente: lo que quería era avanzar. Resuelto el dilema entre libertades y salidas, me di cuenta de que por primera vez en mucho tiempo no estaba intentado huir, sino afrontar lo que en aquel momento me estaba dando dos bofetones en la cara. Me sentí satisfecha y entonces tomé el segundo folio. Fue entonces cuando, por lo que parecía un acto de magia bajó el proyector del techo. Tan absorta había estado que no me había dado cuenta de que en aquella peculiar sala contábamos con medios audiovisuales. Primero la pantalla fue azul, después imágenes superpuestas que fueron recordando partes de mi vida que habían caído en el olvido. No pude evitar pensar en la muerte, en aquella frase que dice que cuando ves pasar tu vida ante tus ojos es que nuestras horas están contadas. Sin dejar de mirar leí la hoja que había entre mis manos. Otra pregunta, en una letra que me resultaba familiar decía: “¿Crees que esto se refiere a la muerte?”. Un escalofrío me recorrió por completo. Podía ser posible que el inventor de mi secuestro estuviese mirando por algún dispositivo, pero en ninguno de los casos podría saber que era lo que pasaba por mi mente. Procurando no darle más que la importancia necesaria intenté responderme a la pregunta, ahogando mis ganas de huir nuevamente.

     

    Efectivamente, la primera idea que me había surgido era la de la muerte. Pero la muerte no tenía porque ser la cesación de mi vida. No, sabía que por ahí no iban los tiros, pero si sabía que ideas viejas y demonios mezquinos aún estaban adheridos a mi. Cómo si quitara jirones de mi piel comencé a desnudarme, haciendo de ello un ritual, evocando en cada prenda demonios que me retenían para avanzar en mi camino. Concluí este acto y esta escena cuando estuve completamente desnuda. Ya no quedaba nada, estaba desnuda frente a mi, desprovista de viejos demonios que de forma subliminal había dejado en el suelo junto a mis pies.

    Noté en aquel momento como subía la temperatura de la sala, se hizo presente un pequeño murmullo de aire que provenía del techo. Al fin y al cabo, mi secuestrador parecía tener cualidades humanoides.

     

    Mientras me dirigía al punto de encuentro de las hojas localicé la cámara. Justo encima de la ventana se encontraba el chivato del voyeur. Bajé la mirada y tome en mis manos el tercer reto, la tercera pregunta de la tarde: “¿Cuánto queda de tu actitud simiesca?”.

    Confieso que tenía terreno ganado al haber leído a Kafka. El mismo escritor había necesitado de varios instructores para llegar a sus conclusiones finales. Yo, en un pequeño recorrido y basándome en anteriores retrospecciones de mi misma, sabía que aquello era una conclusión. Conclusión a la que llegaba después de un año de camino en el desierto. Un camino tedioso, que no hace otra cosa más que cultivarte, pero que en los momentos que fueron vividos, fueron arduos y duros. Heridas que cicatrizan dejando marca, dejando huella de que han estado presentes. Vivencias muy duras no contadas para no acaparar la lástima de los que me rodeaban.

    Aquello era el final de mi camino recorrido, daba lugar a conclusiones, ruegos, y en aquel momento preguntas. Nunca hubiera definido mejor actitudes anteriores que con la palabra “simio”. Efectivamente, en algún momento de mi vida he repetido e imitado actitudes iguales a las de otros, al fin y al cabo todos pertenecemos a una sociedad de masas, repetimos lo que oímos y hacemos lo que vemos. Inclusive cuando queremos a toda costa ser originales y diferentes, tomamos roles y actitudes de lo que hemos visto en sectores minoritarios o de élite. Todo acaba siendo una continua repetición hasta que te planteas a ti mismo, y no sólo con el convencimiento de reinventarte, sino con el objetivo de conocerte. Y es aquí cuando se aprende, y además de una forma despiadada. Usamos la fusta con nosotros mismos flagelándonos a la menor debilidad. Así es como se expulsa la condición de simio, y además con tal violencia que nuestra razón ayudada por las sensaciones, nos dicen que hemos llegado al punto que buscábamos. A la “consciencia”, palabra muy usada y a la vez increíblemente desconocida. Desconocida incluso para aquellos que dicen habitualmente: “soy consciente de ello…”.

    Me di cuenta de que poco quedaba en mi de esa actitud de mono. Mi cerebro se había avivado y mis sentidos se encontraban más despiertos que nunca. ¿y para que nos vamos a engañar? Esta dosis de narcisismo cultivado me hacía feliz. Ahora cuando miro hacia todo lo vivido y aprendido me doy cuenta de que si bien no me arrepiento de ninguno de mis actos del trance, tampoco me siento satisfecha ni pienso que haya acabado mi camino. Aprender de aquel que te habla y del que te escucha es un valor sine quanum para no convertirse en un orangután.

    Todas las personas al fin y al cabo nos aportan algo y el desestimar las enseñanzas porqué estos no sean “maestros” es de necios. Aunque sin duda hay “maestrillos” de poca monta, que en el fondo son “demonios mezquinos” que venden humo, a los que he superado a base de bien…[1]

    Di por finalizada mi reflexión y cogí el último folio. Nada más leerlo supe quien era mi voyeur, al igual, que aquella que tenía entre manos era la pregunta más complicada de la jornada: ¿Qué anhelas tú que necesites que inspire tu vida?”. Hoy puedo responderme a esta pregunta pues algunas de las cosas que anhelo ya las poseo. Una de ellas es un carácter en el que sentirme segura, en el que me sienta yo misma sin caer en el lado oscuro de las dobleces o del conductismo propio de un hombre masa a lo Ortega y Gasset; ese a día de hoy soy consciente de que lo poseo, de que me he reforzado en él y no hay lugar para debilidades o tendencias mártires acaparadoras del consuelo de los demás.

    Por otro lado, una de las cosas que más anhelo, es la inspiración de mi futura profesión para buscar la verdad y correr el riesgo de encontrarla. Hacer un trabajo intachable en el que sea capaz de transmitir verdad y espíritu de lucha para aquellos “animales sociales” que se involucran en la realidad del mundo cotidiano. No en aquellos que sólo sirven para afanarse en quejas de cambiar el mundo y que después poco hacen, sólo ruido.

    Aunque sin duda todo esto no puede darse sin la banda sonora del Amor. Amor libre, sin mediocridades ni falsas verdades. Amor directo, amor que no te anule como ser humano, sino Amor por amor, pues esa es para mi la única moneda de cambio existente. Encontrar el Amor en unos ojos verdes hoy por hoy es mi mayor reto en mi pequeño mundo personal; al igual que él vea en estos ojos marrones la amplitud de una esperanza que poco a poco va haciendo eco para parar los pies a viejos demonios.

    En definitiva pienso que lo mejor que puede inspirar nuestra vida es el Amor, la verdad, el carácter, la lucha y la humildad. La envidia, los celos y el odio no entran en mi pequeña RAE particular.

     

     

    Tras esta reflexión en voz alta, el teléfono volvió a sonar. Al otro lado del hilo reconocí a mi compañero desmigajado. Aquel que por mi había vuelto a juntar migajas y hacer que todo encaje. Me preguntó si quería que abriese la puerta o prefería esperar a reflexionar un poco más para verle. Sin dudarlo, le dije que quería que abriera, pues todos los muros habían sido derribados, y esa puerta ya, estorbaba.

    Al verle, sentí paz. La escena me inspiraba una ternura difícil de relatar aquí y demasiado privada como para no guardármela en mi pequeño baúl. Me miró con esos ojos verdes que desde hacía tiempo generaban un nuevo mundo en mis ideas. Su cara me recordó a la del mejor y más paciente de mis maestros. Al ver como avanzaba hacia mi, en voz irónica y melosa solo acerté a bromear y decirle:

     

    -  "Por fin, ya estás aquí, mi becario favorito".

     

     

    Besos de todos los sabores,

     

     

    Aurora.

     



    [1] Dícese de la pildorita de rigor dedicada a alguna persona concreta…

    October 04

    ¿Estereotipos?

     
     

    Pero que nos gusta criticar, ser chismosos, encajonar a la gente y creernos ocurrentes en el intento. Que nos gusta meter entre rejas la personalidad de cualquier persona (que no seamos nosotros claro está… que para eso somos los súper progres y divinos de la muerte) y someterla a un juicio que ni la Inquisición en sus mejores tiempos. Que todo esto ocurre, bueno, ya muchos nos habíamos dado cuenta, pero el caso es ¿Por qué? Uhmmm, se me ocurren muchas y diferentes razones de porqué estamos tan empeñados en dirigirnos a los demás juzgándoles sin previo aviso y sometiendo al ser humano a nuestra “maravillosa” y “acertada” opinión de cómo son y las clases de personas que existen en la sociedad.

    Con esto, por supuesto no me refiero a un célebre artículo de opinión, ni a un retrato en serie o película de las líneas generales que seguimos en el planeta Tierra, ni tan siquiera a una imitación. Me refiero a como entre nosotros mismos nos echamos tierra encima los unos a los otros en el día a día y entre las personas “de a pie”.

    Estereotipar a las personas, gran invento de los cobardes. Sin lugar a dudas así lo considero. Intentamos zafarnos constantemente del mito de las mujeres anunciando detergente y pasando la mopa, de la idea de que sólo a los hombres les gusta el fútbol los domingos por la tarde, de que a los jóvenes no nos interesa la sociedad y la política… y después, esos mismos que tanto ruido hacen protestando por el mundo de la globalización (que la mayoría lo único que hacen ciertamente es gruñir y no hacer nada por cambiar la situación, ciertamente), los ves encajonando y creando prototipos sociales como si fuésemos máquinas programadas para ciertas cosas.

    En una charla magistral a la que acudí esta mañana decían, que siempre puedes saber que dos vertientes puede tomar un perro si le das una patada… pero ¿Y un hombre? ¿Acaso todos reaccionamos igual? ¿Realmente hay tres o cuatro roles de personas que se van multiplicando en ese carácter hasta el infinito?, no sé, bien creo que no, aunque con los cerrados de mente es imposible discutir, se toman la categorización del ser humano como un axioma indestructible. Pues vale, dime hasta donde llegas y te diré quien eres… y sin duda que anhelas.

    Valga esta crítica para intentar reforzar la idea de que hombres y mujeres pasemos un poco de “Mr. Proper” a nuestro cerebro y nos quitemos prejuicios y banalidades. Aprender a escuchar implica también saber ver, para entender los conceptos y no quedarnos en la superficie más vulgar y mediocre. A los seres humanos, se les trata como seres humanos. A los animales, como animales y a los objetos como objetos.

    Si se quiere categorizar, estudien las mariposas, así podrá decir: “Esta es una Heliconius erato” y quedarán encima estupendamente bien y como cultureta del año. Si quiere aprender, olvídese de estereotipos con el ser humano. Aprender, no es sin lugar a dudas, tachar a los demás de poco originales o de robots metódicos, sino demostrar que nosotros realmente somos abiertos de mente y originales. Un gran signo de inteligencia es reírse de si mismo con saña, bajar nuestros humos, y no dejar que entre líneas se vea, nuestros deseos frustrados llenos de prejuicios y orgullo. Póngase ante el espejo y ríase de usted. Practique también un poquito de humildad. Usted puede estar enfadado con el mundo, pero eso no implica que el mundo esté enfadado con usted.

     

    Aprenda a responder la pregunta ¿Quién soy yo? Y después… ya veremos.

     

    Besos de todos los sabores,

     

     

    Aurora.

    October 02

    En cuanto a la escritura

     
     
    (...) Hasta que se inventó la escritura, el hombre vivió en el espacio acústico: sin límites, sin dirección, sin horizonte, en las tinieblas de la mente, en el mundo de la emoción, con la intuición primordial, con el terror. El lenguaje es un mapa social de este pantano.
    La pluma de ganso acabó con la conversación. Disipó el misterio; dio arquitectura y ciudades; trajo caminos y ejércitos, la burocracia. Fue la metáfora básica con que empezó el ciclo de la civilización, el pasaje de la oscuridad a la luz en la mente. La mano que llenaba la página de pergamino edificaba una ciudad.
    ¿De dónde surgió el prodigioso arte místico de pintar el LENGUAJE y hablar a los ojos?
    ¿De que se nos enseñe, trazando unas líneas mágicas, a materializar y dar color al PENSAMIENTO?(...)
     
    Extraído de "El medio es el masaje".- Marshall McLuhan.
     
     
    No todo merece la pena ser contado, ni todo merece la pena ser leído... Otras veces merece tanto la pena que egoístamente escondemos los pilots y tapamos al vecino los oídos, para que solo pueda ser saboreado por el narrador y la musa, o por los protagonistas, que huyen del escenario y del guión para disfrutar de su propia obra.
     
     
    Besos,
     
    Aurora.
     
    Escuchando: "Corazones", Miguel Bosé y Ana Torroja
    September 30

    En un día ocioso (II parte)

     

     

     

    (…) Tras que Mendizábal descubriese la caja en discordia, Paula se despidió de él excusándose ante la inminente llegada de Carlos. En aquel momento hubiese deseado tener una cámara a mano con la que mirar por un agujerito a su antiguo amigo. Y es que a fin de cuentas las cosas no pasan por casualidad, y algo habría hecho el sujeto de marras para recibir tan peculiar regalito…

    Paula se encaminó hacia Sol, dónde estaba ya esperando Carlos desembalando cajas en el apartamento que había alquilado. La puerta del portal estaba abierta de par en par, y el coche aparcado en doble fila en la puerta, aún lleno de trastos. Cogió el ascensor y se dirigió al segundo piso, donde también la puerta de entrada estaba accesible. Entró y pronunció su nombre, con una sonrisa, tras la columna apareció él. Se fundieron en un abrazo, pero era notable que Paula no estaba donde debía de estar, si bien se encontraba feliz ante el esperado evento, la mañana había dejado secuelas en su humor.

     

    -          ¿Qué tal pequeña?

     

    Carlos se dirigió a ella con dulzura, con un tono que indicaba como el que sabe que algo ocurre y no sabe bien qué.

     

    -          Bien pequeño, una mañana un tanto extravagante.

    -          ¿Y eso?

     

    Si no hubiese sido por el esfuerzo que estaba realizando en no dejarse arrastrar por la sugestión de los acontecimientos, hubiese pensado que tras la sonrisa cómplice de su chico se escondía la sabiduría de saber lo que estaba ocurriendo.

     

    -          Nada, nada, ya te contaré. Será mejor que quites el coche de en medio de la calle y lo guardes en el parking.

    -          Así lo haremos joven.

     

    Dejaron las últimas cajas al portero, que tras estar durante toda la semana hastiado de leer el ABC se encontraba emocionado al servir de ayuda a algún vecino, tanto que se ofreció a coger las llaves y guardar esos últimos paquetes en el piso. Dada la insistencia del cancerbero decidieron no llevarle la contraria y se dirigieron al aparcamiento.

    Durante el viaje, Paula no fue capaz de articular palabra, consciente de que en su izquierda Carlos no la quitaba ojo de encima, como aquel psiquiatra que mira a su paciente a sabiendas que aún no ha terminado con él. El camino a casa fue igualmente mudo, se besaron en varias ocasiones, y a pesar del frío Paula se percató de que a él, le sudaban las manos.

    Intentando quitarle hierro al asunto, Paula cogió unas cuantas perchas y una maleta y decidió hacer de novia educada colgando las camisas en el armario. Tres minutos después Carlos pasó a la habitación y se sentó en la cama. La observó en silencio dos minutos más. Tras ello, rompió el mutismo:

     

    -          Hoy no trabajabas ¿Verdad?

    -          Cierto, pero se me había olvidado – Paula adivinó que tras esa pregunta vendría otra más…-

    -          ¿Y que has hecho entonces? ¿Fuiste a la biblioteca? – La voz de Carlos sonaba tranquila, pero a su vez severa, prácticamente supo que su intuición no la estaba fallando-

    -          Pues… me llamó Mendizábal.

     

    Silencio. Un silencio se apoderó de la habitación, los ojos de Carlos se clavaron en la tarima. A Paula no le hacía falta volver la vista para saber que imagen estaba tras de si.

     

    -          ¿Y…? – La voz de Carlos por un momento se tornó insegura y apocada.

    -          Nada, tomamos café… y bueno después sucedió algo extraño.

    -          ¿Sentiste algo al verle Paula? –en esta ocasión la voz de Carlos se mostraba temblorosa-

    -          ¡Claro que no! ¡Eres bobo! –Paula se sentó a su lado en la cama y le cogió de la mano- Sólo que… bueno, ha sido todo muy extraño.

     

    Paula le relató punto por punto lo sucedido esa mañana. Pero a diferencia de una cara de sorpresa encontró en su compañero una sonrisa de satisfacción que en aquel momento no supo describir.

     

    -          Te pasa cada cosa pequeña…- le besó la cabeza mientras ella notó que ya no le sudaban las manos- Y bueno, ¿A que crees que se debe todo esto?

    -          Pues la verdad… ya sabes cual fue la soporífera historia con Mendizábal, como se vivió entre todos y todo el daño que me hizo. También sabes todo lo que ocurrió a los meses después de dejarle… creo que alguien, o más bien “alguienes” han decidido pagarle con su propia medicina. Sino… esto no tiene sentido ¿No crees?

     

    Carlos la miró, su mirada hizo que un escalofrío la naciese desde la espina dorsal. Supo que uno de los “alguienes” que figuraba detrás de esa historia era su propio compañero. Le miró a sabiendas que con esa mirada le diría que se había dado cuenta, pues no pensaba decirlo en voz alta, ni tan siquiera lanzar una de sus ácidas bromas en doble sentido para hacérselo ver. Aquello, aunque divertido era serio, y egoístamente no pensaba poner ninguna traba en la escenificación de aquella magistral obra teatral que se estaba organizando en torno suyo. Tras un silencio infinito, Carlos solo pronunció:

     

    -          ¿Recuerdas aquella frase que te hizo tanta gracia cuando veíamos Pulp Fiction?

    -          Sí… pero no la recuerdo textualmente– ahora si que Paula se había quedado completamente consternada –

    -          Te la citaré, si recuerdas, ya te comenté que era un pasaje un tanto “adaptado” de la Biblia, del profeta Ezequiel, decía así:

     

    El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por la avaricia de los egoístas y la tiranía de los hombres malos. Bendito sea aquel pastor que, en nombre de la caridad y de la buena voluntad, saque a los débiles del Valle de la Oscuridad. Porque él es el verdadero guardián de su hermano y el descubridor de los niños perdidos. ¡Y os aseguro que vendré a castigar con gran venganza y furiosa cólera a aquéllos que pretendan envenenar y destruir a mis hermanos! ¡Y tú sabrás que mi nombre es Yahveh, cuando mi venganza caiga sobre ti!”

     

     

     

    Continuará…

     

     

    Besos con sabor a mango,

     

     

    Aurora.

    September 23

    Sublime...

     
     
    En la antesala de "El Puente de Alcantara"...
     
     
    El verde de las plantas tras una lluvia primaveral, las flores en el rocío, cuando las negras sombras de la noche se han retirado, el murmullo de un límpido arroyo corriendo entre prados en flor, la visión de un castillo blanco en medio de verdes jardines; todo eso puede ser maravilloso, pero no es nada comparado con la unión con una persona amada. Y ésta es tanto mejor, cuanto mayor es el tiempo que el uno ha rechazado al otro o ha estado separado de él, inflamando la pasión, encendiendo la llama del deseo y avivando el fuego de la esperanza... En verdad os digo que ni siquiera la lengua más locuaz puede describir la felicidad de la unión, y que la más elocuente de las descripciones queda muy por debajo de la realidad.
     
     
     
    Ibn Hazm, poeta cordobés, 994-1064 
    September 19

    Como una bobina de hilo

     
     

    Después de una carrera agitada para no perder el pase nocturno a la actuación, Paula se dio cuenta de que en ese trayecto había olvidado hacia donde se dirigía y quien le esperaba al final del trayecto. En la otra orilla, estaba Carlos, frotándose las manos por la impaciencia y nerviosismo que rodeaba la situación. En breves momentos aparecería ELLA y dudaba aún si aquello saldría bien. Amigos desde siempre, compañeros de ideas y divagaciones sabían que desde hacía poco tiempo se habían comenzado a mirar con ojos diferentes, ojos distintos a con los que se observaban habitualmente, miradas que respetan el caminar de aquellos que de verdad nos importan.

    El amor es así, una ráfaga de viento que por muchos muros, ventanas y enrejados que coloques a su alrededor al final siempre triunfa, camina victorioso entre nuestras dudas, miedos y auto convencimientos dogmáticos que nos proponemos para eludirlo. A él le da igual que sea o no el mejor momento, siempre viene a romper tus absurdos esquemas mentales y llenar una nueva habitación con colores y pinturas ocres, dando así posibilidad a nuevos sueños e ilusiones.

    Ambos caminaban por un sendero de una única dirección: el avance, dos personas que creen en que la ambición en el ser humano debe ser crecer un poco más cada día y dejar que los de alrededor hagan lo mismo. En el camino solitario que nos lleva a la realización de nosotros mismos no hay lugar para fantasmas, a estos se les da con la puerta en las narices como decía Nino Bravo: “Lo que no se es querido siempre queda atrás”, porque todo sea dicho, y es que los fantasmas son bastante oportunistas y mezquinos de vez en cuando. Se empeñan en dar la tabarra, en querer resucitar del pasado para instaurarse en tu presente por mucho que les des larga, son cansinos, maniqueos y tediosos. Quieren imponer su criterio gris contra uno que le da mil vueltas a su pragmatismo de libro de autoayuda. Pero ahí estamos nosotros para colgarles el cártel de “Road closer” y darles larga para que se piren de nuevo al agujero del que han salido.

    Casi sin respiración Paula vio de lejos la sombra de Carlos, sonriente, sin saber donde poner las manos como nos pasa a todos cuando alguien nos mira de lejos. Paula, en 20 metros que se hicieron eternos inclinó su cabeza hacia el lado derecho y miró al suelo ¿Cómo saludarse después de todo lo que ya se habían dicho? ¿Cómo disimular el brillo de los ojos y las pupilas dilatadas? Carlos en los últimos meses había ido tirando del hilo dorado que Paula le había tendido, despacio, sin prisas, tranquilo, a conciencia de que aquel hilo, si se tiraba con demasiada fuerza podría romperse. Había hilado muy fino, como aquel estratega que se prepara para una dura batalla. Cuando sus dos cuerpos estuvieron de frente se fundieron en un abrazo, el mismo abrazo que habían soñado durante las últimas semanas, un abrazo que te deja postergarte minutos sin decir nada. Paz y consuelo para el alma, tranquilidad para los poros de la piel, rubor en las mejillas. Después de unos minutos Carlos tomó con su mano la barbilla de Paula, la miró detenidamente a los ojos, como aquel que se recrea viendo una obra de Klimt, pausadamente continuó mirando sus labios, unos labios finos con los que había soñado miles de veces. Contrariamente, Paula no se sentía incómoda por esa cuidadosa observación de su amigo, él, con gran tranquilidad iba sugiriendo que camino iban a tomar sus actos segundos después de observar cada gesto corporal donde ponía su mirada. Con una sonrisa pícara avanzó hasta quedarse a dos centímetros de su boca. Paula estaba completamente detenida, rendida ante la realidad, rendida ante los ojos que la escrutaban y la miraban con una nueva curiosidad. Tras segundos eternos Carlos la besó. Era el sello que cierra las cartas, el punto y final de una película que comenzaba para ambos. El cierre que declara un final ansiado y feliz. Un final “en blanco y negro”.

     

    Aunque suene pragmático, disfruta y atesora cada momento feliz como si fuese el último, nunca se sabe si volverá a repetirse.

     

    Sin lugar a dudas me quedo con Vacaciones en Roma y con aquella que aparece la señorita verdiroja en la carátula ;).

     

    Besos de mil sabores,

     

    Aurora.

     

    PD: No hay que huir de los fantasmas y de nuestro pasado, tan sólo, darles puerta.

    PD2: El Amor es el motor del mundo, no la tiranía, hagamos de ello una campaña.

    PD3: Vive… y deja vivir.

    PD4: Esta… sólo la sabe la musa… y el escritor. 

    September 16

    Roma Clásica, Carta de amor de Catulo a Lesbia

     
     
     
     
     
     
     
    "Dame mil besos, luego cien, después otros mil, luego cien más, luego mil, después cien; por fin, cuando hayamos sumado muchos miles, embrollaremos la cuenta para no saberla y para que ningún envidioso nos pueda echar mal de ojo cuando sepa que nos hemos dado tantos besos."
     
     
     
    September 09

    En un día ocioso

     

     

     

    Eran las ocho de la mañana y el metro escupía gente por doquier. Paula pasaba completamente inadvertida en la multitud escuchando el último disco de los Artic Monckeys y por montera un delicioso libro de Javier Cercas. Mientras subía a tientas la escalera, pues no estaba dispuesta a cerrar el libro para mirarlas, recordó que ese día no tenía que trabajar. Perfecto, como una gran panoli, se encontraba justo a dos paradas del trabajo y encima después de un señor madrugón. No dispuesta a darse la vuelta ya que se encontraba en el centro, decidió irse a la librería del Sr. Knox que siempre le guardaba las más exquisitas novedades que habían aterrizado por esos días. Quizás luego pudiese llamar a Marta para tomar un café y arrebatarla de las garras de su ruin jefe al que apodaban “El Robín Hood”, y no precisamente por su nobleza ante los pobres… la interpretación a gusto del consumidor que siempre será más original.

    Ya una vez dándose cuenta del error cambió de línea para poder apearse en San Bernardo y tomar un café en “ca Paco”.

    Tranquilamente se sentó en la terraza y pidió un zumo de naranja y un par de tostadas de toda la vida, de esas que las calzan aceite y un poco de sal y saben a gloria a esas horas en las que el estómago ruge como si fuese un tigre bengalí. Cerró el libro y observó los transeúntes, todos iban con prisas, sin detenerse a mirar si el día era gris o claro, si hacía frío o calor o si alguien les miraba mientras ponían el turbo para llegar puntuales al trabajo. Nadie parecía observar que andaban por la calle, que por su lado ancianos también les miraban quien sabe si pensando si ya los jóvenes habíamos perdido tan rápidamente el gusto por la vida por las innumerables acciones que la vida exigía en el día a día, o simplemente nos hacíamos poco a poco presos de una apatía fulminante, epidemia de la que parecía no teníamos vacuna a pesar de los tiempos que corren.

    Cuando Paula sacó del bolso el móvil (maldito móvil), para contarle a Marta su peripecia y descuido del día y de paso invitarla a una dosis de escaqueo este sonó de una forma que ya se apreciaba como grave. Como no podía ser de otra forma la intuición no la fallaba y casi quiso deshacerse de tan desagradecido e ingrato aparato cuando vislumbro el nombre del emisor de la llamada. Y es que amigos, cuando uno olvida y cierra y se siente tan pancho, que fantasmillas pasados de rosca te marquen el móvil sienta realmente como una certera patada en el culo.

    -          Hola Mendizábal, ¿Qué tal? ¿Cómo te va?

    -          Pues muy bien tía, aquí estamos espero no haberte despertado.

    -          No claro que no, algunos pringaillos todavía curramos y nos levantamos a cumplir obligaciones diarias.

    Vale, reconozco con vosotros que más seca no se podía ser, pero hay personas que tienen la facilidad de cabrearnos con el simple hecho de escuchar su voz o de sacar lo peor de nosotros en tan sólo dos segundos de tiempo.

    -          Je, bueno, eso no lo dirás por mi ¿no?, ya sabes que aún sigo en el paro.

    -          Pues no, no lo sabía, pero bueno, ya sabes, la existencia de subliminalidad depende del receptor. Dime ¿Qué querías?

    -          Veo que sigues igual de dura que siempre…. Pues nada tía te llamaba porque he recibido una carta a tu nombre aquí en mi casa.

    -          ¿Cómo? Una carta a mi nombre… ¿Y se puede saber que hace una carta mía en tu casa, cuando he estado allí un par de veces?

    -          Pues chica no lo sé pero aquí está, a decir verdad no pensaba ni llamarte porqué la he abierto y esto parece de cachondeo. La persona que lo manda envía también adjunto un mapa.

    -          Bueno esto es increíble, ¿no estarás tomándome el pelo? ¿es que no encontrabas otra excusa mejor y más original para llamarme?

    -          Mira tía esto es verdad, yo si quieres destruyo la carta y nos olvidamos del tema, la verdad que lo que dice tampoco tiene mucho sentido pero bueno.

    -          ¿Y no será para otra Paula Martínez? Mira que tu y yo sabemos que mujeres conoces unas cuantas…

    -          Mira tía vale ya, si quieres vienes y la recoges y sino pues asunto zanjado, la tiro al cubo de la basura y punto.

     

    Paula se quedó en silencio. Si había gente que no le apetecía volver a ver Mendizábal figuraba el primero en la lista, pero como siempre y llamémoslo deformación profesional, la curiosidad se apoderaba de ella y de saber a quién se le habría ocurrido la genial idea de mandar una carta suya a casa de este personaje.

     

    -          Muy bien, quedemos y la recojo pero ni en broma quedamos en tu casa.

    -          Bueno pues tú dirás.

     

    Acordaron verse en el puente de Segovia en un par de horas. A ella se le notaba la cara de cabreo en la cara ¿Es que el emisor de la carta no podía haber tenido un poco de sentido común y de educación? ¿A quién se le habría ocurrido tal insensatez? Guardó el móvil y evitó llamar a Marta, si alguien se enteraba de que había quedado con el personajillo en cuestión las broncas que le podían caer serían considerables… después del culebrón en que todo el mundo se vio involucrado el año anterior… uff no quería ni recordarlo. Pagó en la cafetería, compró un par de periódicos junto con una botella de agua y se sentó en un banco cerca de la Plaza Mayor a hacer tiempo. A la hora del encuentro allí estaban los dos, uno frente a otro, equipo negro contra equipo blanco, igual que en los viejos tiempos.

    Paula le plantó un par de besos al aire mientras el hacía presión con el brazo para que aquella corta distancia entre los dos pasará algo más lenta, pero no, Paula tuvo un resorte rápido en escapar de los brazos de Mendizábal.

     

    -          Ven, te invito a un café Paula.

    -          Vale, algo rápido, tengo que marcharme, he quedado con Carlos, hoy viene a instalarse en Madrid.

     

    Notó como la cara de Mendizábal cambió en un momento. Evidentemente no sabía quien era Carlos, por eso Paula tomó ese escudo para, como ridículamente en la mayoría de las ocasiones en que nos vemos “amenazados” delimitar el terreno de por donde sí y por donde no se puede avanzar.

    Él le entregó la carta. Paula observó que la letra era cuidada y que ni mucho menos conocía al escritor de la misma. Era de cachondeo pero a su vez se notaba que era un aviso. Firmaba como “Héctor Barbosa, El Juez”. No pudo evitar cambiar la cara agria que llevaba por una sonrisa espectacular, la cosa no era para menos. La carta comenzaba así:

     

    Estimada Paula:

    Cómo bien sabéis en el código pirata tenemos una norma a la que nos acogemos. Es nuestro código particular y el padre nuestro para aquellos que navegamos en la mar. Como insigne miembro del clan y dado las circunstancias venideras que vendrán a tu favor y de las que te ayudaremos para permanecer en Isla Tortuga lo más segura posible, queremos informarte que en todo momento podrás acogerte a la palabra “Parlamento”, tú equipo de marineros acudirá donde tú nos digas y defenderemos el honor y la dignidad del respetable Club al que perteneces. Como verás yo tan solo soy el Juez, aquel que garantiza el juego limpio, pero he observado, durante algunas semanas que se ha actuado de forma nada diplomática y un tanto maleducada por parte del equipo contrario, por lo que ahora seré yo quién maneje la situación dejándote libre para que puedas escabullirte del barco.

    Como sabes la palabra parlamento indica que todos, enemigos y amigos deben parar para escuchar a aquel que ha pronunciado la palabra. Pero como también sabrás el código son tan solo unas directrices y como somos piratas podemos saltárnoslas un poquito. Te adjunto el código para ti y un plano para tu amigo Mendizábal.

    Saludos cordiales,

     

    Héctor Barbosa

    El Juez.

     

    Paula no sabía si reír o llorar, para su sorpresa, la cara de Mendizábal era bastante tranquila, como si tal cosa. En el mapa indicaba un punto del Parque del Oeste donde había que cavar para sacar el objeto que le habían enterrado a Mendizábal. Ya que le picaba la curiosidad y de que todo era extravagante, divertido, y sin duda a su propio favor decidió acompañarle sintiéndose segura de que en aquello era una simple espectadora más. Cuando llegaron al punto señalado, dejo que su amigo desenterrará la sorpresa. No a mucha distancia del suelo se encontraba una caja marrón, de madera en negro y blanco y con una calavera impresa.

    Al abrirla Mendizábal sacó un pequeño papiro, la frase que ilustraba era corta y concisa:

     

    “Cuidado a partir de ahora, acabas de abrir la Caja de Pandora”

    Fuerza y Honor

    Héctor Barbosa, el Juez.

     

     

    Besos con sabor a mango,

     

    Aurora. 

    August 30

    Aprendiendo a diferenciar

     
     
     

    El otro día caí en la cuenta de que efectivamente me meto constante y repetidamente con una sociedad que tiende al nihilismo y creo que en este caso he de explicarme.

    Cuando tildo a una sociedad bajo esta negación (recordemos que hay nihilismo activo y pasivo según lo diferenció Nietzsche), lo hago hacia la forma que tenemos de quedarnos con lo negativo de cada movimiento, es decir, el hecho de que no queramos ir hacia ningún sitio ni nos importe que será el fruto de las acciones que hoy hacemos sobre las generaciones venideras. Cada día nos importan más las apariencias y casi hemos olvidado que realmente la convivencia dentro de una comunidad enorme de vecinos como es el Planeta Tierra, requiere también que intentemos hacer algo de beneficio en común para ponérnoslo un poquito más fácil los unos al otros, no que por muy a la contra, la competitividad y el juego sucio ha entrado en acción como primera ley para la supervivencia humana.

    Bien es cierto que la competitividad es buena, pero ¿a cualquier precio? ¿El fin justifica los medios como decía Maquiavelo? ¿O es que nos gusta dejarnos llevar por la parte negativa de nuestros antaños pensadores en lugar de la positiva que nos aportaron? Hablar en términos absolutos resulta ridículo y un tanto demagógico, es por ello que hoy rectifico y digo que el nihilismo también tiene cosas que resultaron positivas.

    En el nihilismo nos encontramos con dos corrientes alternas, una positiva y otra negativa (como nuestro antaño Maquiavelo o Kant, que no todas sus palabras son un hervidero, muchas de ellas en ocasiones, si le viésemos el lado positivo al asunto nos daríamos cuenta que todo tiene dos lecturas, pero díselo eso a un huraño por antonomasia); si bien al nihilismo para el que he sido crítica es a la parte en que se niega que seamos animales políticos, sociales o que nos neguemos a cualquier autoridad ya sea religiosa para aquellos que creen en ella, o la autoridad en cualquier otros términos. También a aquellos que se convierten en jet set y no les importa NADA el resultado de sus acciones. Con ello no globalizo ni convierto a todos en usuarios sedientos de Master Card, Visa o American Express, pero si es cierto que la gran mayoría viven por y para las apariencias y que bien poco les importa los principios, ideas o forma de vivir de los demás. La suya es la correcta y ¿por qué? Pues porque tienen el suficiente poder para hacernos ver (digámoslo así por no caer en la crítica más tajante…) que su pensamiento es el correcto, que ellos son la élite y nosotros… pues currillos de a pie a sus ordenes y con poco lugar a desenvolvernos en la sociedad dado a que nuestro escalafón nos ha dejado en situación de tener que trepar y para colmo peleando con el vecino de al lado que piensa más o menos  igual a nosotros en cuanto a esto. Por otro lado y por citar otro ejemplo me iré a la gente joven de hoy, el tunning, el ser freak o el movimiento “pirata” hacen que cada día más jóvenes se olviden de que el futuro no se hace haciendo una repro al coche o poniendo unas llantas de la leche, una gran parte ha acudido a estos movimientos “novedosos” y al parecer “notablemente enganchantes” y se han convertido en parásitos sociales, no porque se dediquen a disfrutar de sus hobbies ni mucho menos, sino porque a causa de esto para ellos no hay nada más, ni tan siquiera una mínima contribución a la sociedad; no con ello quiero decir, claro está y sin ganas de ofender que todo aquel que se compre un super coche de 240 caballos sea un necio, inculto o analfabeto social, no nos ofendamos antes de tiempo, pero si es cierto que cada vez más he observado que la gente joven ya no se compromete y cada vez en mayor medida, una tendencia que podría empezar a ser peligrosa para seguir defendiendo en mayoría nuestros derechos más básicos.

    Por otro lado, aspectos buenos del nihilismo es por ejemplo el acaecer constante de la historia objetiva, sin pretender por ello una finalidad “suprema”, clave para todos aquellos que nos consideramos vitalistas, deshacernos de todas las ideas preconcebidas para dar lugar a una vida más completa y llena de nuevas ideas que nos dejen ver nuestra propia historia y filosofía de vida desde puntos nuevos y diferentes.

    Sin lugar a duda, cuando yo me referí a la crítica al “nihilista de para todo lo demás Mastercard” me refería al nihilismo según Nietzsche el cual decía que cuando la voluntad de supervivencia, de lucha, la esencia de la vida al fin y al cabo disminuye, surge el nihilismo pasivo que no es otra cosa que la propia decadencia, el cambio de moneda que hacen algunos al colocar un escaparate por delante en el que valoran más, la cuna (ya solo la palabra es para abandonarse a una carcajada permanente), la posición social o menesteres de importancia nula y completamente fuera de lugar, a la esencia personal del individuo. A eso critico yo pues como diría Aristóteles su cultura se remite al “reductio ad absurdum” con todos mis respetos hacia esa forma de vida. Otros, que tienen una gran Mastercard además son personas con las que vale la pena hablar, además de una jugosa cuenta corriente y estilo de vida se demuestra que han llegado hasta ahí por el esfuerzo y por su palabra.

     

    Dicho esto, y aclarada espero, toda duda sobre mi humilde opinión quiero desearle a Fernando Savater mi apoyo incondicional en sus nuevos planes, como joven y como persona se que un gran pensador de nuestro tiempo se va a mojar por algo que merecerá la pena. Ánimo Fernando que son pocos y cobardes.

     

    Como diría un buen amigo “Fuerza y honor” y a remar contra corriente.

     

     

    Besos con sabor a mango,

     

     

    Aurora. 

    August 27

    Con permiso de Lope... hablando en plata.

     

    A MIS SOLEDADES VOY

    A mis soledades voy,
    de mis soledades vengo,
    porque para andar conmigo
    me bastan mis pensamientos.

    ¡No sé qué tiene la aldea
    donde vivo y donde muero,
    que con venir de mí mismo
    no puedo venir más lejos!

    Ni estoy bien ni mal conmigo;
    mas dice mi entendimiento
    que un hombre que todo es alma
    está cautivo en su cuerpo.

    Entiendo lo que me basta,
    y solamente no entiendo
    cómo se sufre a sí mismo
    un ignorante soberbio.

    De cuantas cosas me cansan,
    fácilmente me defiendo;
    pero no puedo guardarme
    de los peligros de un necio.

    El dirá que yo lo soy,
    pero con falso argumento,
    que humildad y necedad
    no caben en un sujeto.

    La diferencia conozco,
    porque en él y en mí contemplo,
    su locura en su arrogancia,
    mi humildad en su desprecio.

    O sabe naturaleza
    más que supo en otro tiempo,
    o tantos que nacen sabios
    es porque lo dicen ellos.

    Sólo sé que no sé nada,
    dijo un filósofo, haciendo
    la cuenta con su humildad,
    adonde lo más es menos.

    No me precio de entendido,
    de desdichado me precio,
    que los que no son dichosos,
    ¿cómo pueden ser discretos?

    No puede durar el mundo,
    porque dicen, y lo creo,
    que suena a vidrio quebrado
    y que ha de romperse presto.

    Señales son del juicio
    ver que todos le perdemos,
    unos por carta de más
    otros por cartas de menos.

    Dijeron que antiguamente
    se fue la verdad al cielo;
    tal la pusieron los hombres
    que desde entonces no ha vuelto.

    En dos edades vivimos
    los propios y los ajenos:
    la de plata los extraños
    y la de cobre los nuestros.

    ¿A quién no dará cuidado,
    si es español verdadero,
    ver los hombres a lo antiguo
    y el valor a lo moderno?

    Dijo Dios que comería
    su pan el hombre primero
    con el sudor de su cara
    por quebrar su mandamiento,

    y algunos inobedientes
    a la vergüenza y al miedo,
    con las prendas de su honor
    han trocado los efectos.

    Virtud y filosofía
    peregrina como ciegos;
    el uno se lleva al otro,
    llorando van y pidiendo.

    Dos polos tiene la tierra,
    universal movimiento;
    la mejor vida el favor,
    la mejor sangre el dinero.

    Oigo tañer las campanas,
    y no me espanto, aunque puedo,
    que en lugar de tantas cruces
    haya tantos hombres muertos.

    Mirando estoy los sepulcros
    cuyos mármoles eternos
    están diciendo sin lengua
    que no lo fueron sus dueños.

    ¡Oh, bien haya quien los hizo,
    porque solamente en ellos
    de los poderosos grandes
    se vengaron los pequeños!

    Fea pintan a la envidia,
    yo confieso que la tengo
    de unos hombres que no saben
    quién vive pared en medio.

    Sin libros y sin papeles,
    sin tratos, cuentas ni cuentos,
    cuando quieren escribir
    piden prestado el tintero.

    Sin ser pobres ni ser ricos,
    tienen chimenea y huerto;
    no los despiertan cuidados,
    ni pretensiones, ni pleitos.

    Ni murmuraron del grande,
    ni ofendieron al pequeño;
    nunca, como yo, afirmaron
    parabién, ni pascua dieron.

    Con esta envidia que digo
    y lo que paso en silencio,
    a mis soledades voy,
    de mis soledades vengo.

      Qué grande querido Lope... su merced ti